“La desfiguración de lo visible”
I
“La desfiguración de lo visible hace figurables
las interioridades humanas o, por lo menos, hace que los receptores nos las
imaginemos”[i]
, más cuando se gratifica la experiencia con el viaje, Ebenezer Leyva González,
Santa Clara (1971), se traslada de un lugar a otro, nunca se sabe por dónde
anda ni cuando volverá. Las interioridades de los espacios —físicos y
espirituales— que ha ido atrapando, los plasma en sus lienzos para que nunca
más escapen.
Su creación de lo “visible” se instaura en la poética de la plástica
cubana de los 90, asumiendo una de las características que la definen: La
heterogeneidad de la expresión; el creador no margina sus presupuestos, sino
que asiste a los encuentros y desencuentros que la diversifican.
II
En sus primeros trabajos, el artista se interesa
por mostrar la veracidad del mundo a partir de un realismo crudo. En un lienzo
como “En el merendero” (1992) la banalidad y la mediocridad de lo cotidiano se
enfatizan en la acritud de las figuras y pequeñas criaturas que sitúan; la luz
que los vigoriza es contrastante con el color con que se atempera lo mostrado.
Su producción posterior muestra el mismo interés
temático; pero en esta, las escenas cotidianas: la familia, la ciudad, el miedo
a la vida, la pareja, la desolación humana… se despojan de la crudeza estática
de los primeros intentos para dar paso a una realidad creíble, porque la base
sobre la que se sustenta, sugiere y “subvierte transgrediendo”. Origina una
figuración propia que animada con una gama cromática a base de grises y de
sienas, junto a otros recursos plásticos, sirven de apoyatura para que seres y
objetos vaguen en un idealismo concreto; apartándolo del camino de la estética
establecida.
“La sagrada familia”, obra premiada en el IX
Salón Provincial, Santa Clara (1993), parodia el tema bíblico, mas el creador
construye su proposición deconstruyendo.
La desacralización del tema no se queda en los
límites de lo conceptual, sino que también va a la técnica; experimenta con
recursos plásticos artesanales: elementos sintéticos, figuras hechas con tela,
y utiliza la instalación como modalidad de expresión. Se rompe el mito, la
crisis de la familia se expone con sarcasmo, se contextualiza en una
contemporaneidad mordaz que extravía los significados, desmonta las formas,
muestra el reverso.
Ya en “Calle mayor” y “Sortilegio”, ambas de
1995, lo más importante es el papel temático del espacio. “Calle mayor”, es un
mosaico donde confluyen historias comunes del acontecer diario. Los personajes se
entretienen realizando sus quehaceres observados por el propio pintor que,
autorretratado, se ocupa como testigo directo de estructurar y organizar su
discurso. La mirada va a lo detallado y se oculta en la gama de los sienas para
velar lo representado. El espacio topográfico es emblema de la soledad de las
multitudes, de lo vacuo; y antítesis del espacio externo e ideal que se sugiere
con una línea de apertura en el borde superior izquierdo (flecha en rojo).
En “Sortilegio” se rompe el límite del espacio
interno; pero haciendo ilusoria la profundidad en esa luz que deja escapar por
las puertas laterales y la ventana al fondo. Mientras que el maleficio que
pasea por la habitación se descompone y debilita frente a ese halo de misterio,
esa espiritualidad mística de la figura central, caracterización que no
abandonará a sus figuraciones posteriores.
Después , con la expo. “Las Reinas del Puerto”
(1997), bajo una mirada despojada de toda visión falocentrista, de fetichismo,
de veneración excesiva, muestra toda una galería de personajes femeninos. En
sus lienzos las mujeres se convierten en lo que son: las reinas de su universo
personal, las anfitrionas del cosmos.
Sus rostros dicen, transforman, confunden;
trasponen sin dramatismo la realidad de que son dueñas. No son seres
fantásticos, ni figuras aladas, sino metáforas de la sensibilidad del mundo
femenino, volátiles, férreas, suavísimas, etéreas, auténticas veleidades.
En 1998, con el trabajo “En el nombre del
padre”, obtuvo el premio del Jurado en el Salón Provincial de la AHS, Matanzas,
y Mención de la UNEAC.
Vuelve a retornar la instalación y el trabajo
artesanal para arremeter contra la doble moral. La experiencia que le importa
al artista es el ahora, por eso desacredita la tradición. La reunión en torno a
la mesa o la alegoría de la cena es utopía. La vida se reduce, gira en torno al
sustento. Los comensales no devoran el pan nuestro de cada día, sino que es el
alimento quien los absorbe a ellos. La ironía es cáustica, la carencia de lo
material corroe a la familia, pero la problemática no se queda en la
literalidad, en lo expresamente declarado; sino que se profundiza en enunciados
implícitos, ocultos en diferentes niveles. La intertextualidad permite la
comprensión plena de lo que se significa: La crisis es de valores. La situación
económica del país ha generado cambios sustanciales en la espiritualidad de la
familia cubana, en las relaciones interpersonales de sus miembros, en la
individualidad de ellos.
Hay búsqueda de lo ontológico del ser,
insinuante con la figura del centro que es cuestionada, pero también cuestiona.
El pasado y el presente se enfrentan desde el silencio, el recogimiento de
estos personajes que esconden o no sus rostros, pero entregan sus manos a la
reflexión. Este trabajo revela oficio, altos valores plásticos que anuncian la
pronta madurez de este joven artista.
Con la serie de cartulinas “Madurez” y “Luz
propia”, propone el hallazgo de los valores humanos más nobles, en el buceo
interior. La realidad se aprehende desde adentro y así cada una de sus figuras
van irradiando su luz particular. La buena factura se sustenta en el dibujo
desenfadado y aparentemente espontáneo.
A Ebenezer Leyva González también lo fascinan
otros temas como el juego de la culpa, los ángeles caídos, o los cazadores. En
fin, lo que más le interesa es el continuo batallar en este tiempo o en otro.
Continúa trabajando para futuros salones y
exposiciones; avizorar las próximas temáticas o recursos plásticos que usará no
es posible. El creador aún se debate en ese amplio laberinto de las formas y
eventos. Lo mejor es que no se fatiga en la búsqueda.
Yamila
Gordillo Rodríguez.
Lic. en
Letras.
Relación de Obras.
“La Sagrada Familia” (1993) Técnica mixta /
Tela.
“En el Nombre del Padre” (1998) Técnica mixta /
Tela.
“Luz Propia” (1999) Técnica mixta / Tela. (130cm
x 91cm).
[i] Acha, Juan, Huellas Críticas, Editorial ,
19 , pág.

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